La tartamudez se trata de una alteración de la fluidez del habla que se manifiesta a partir de interrupciones, repeticiones o bloqueos.

En las primeras etapas del desarrollo del lenguaje, entre los 2 y los 5 años, podemos observar que los niños interrumpen con frecuencia su fluidez cuando hablan, realizando pausas, interjecciones o repeticiones en su habla espontánea. Cuando ocurre esto en la mayoría de las ocasiones no existiría dificultad como tal, es lo que se conoce como “disfemia evolutiva”. Sin embargo, cuando las dificultades tienen determinadas características y se prolongan en el tiempo es cuando podríamos hablar de disfemia o tartamudez. En cualquiera de los casos recomendamos consultar con un profesional logopeda, ya que la prevención es clave fundamental para un mejor pronóstico. En la mayoría de los casos intervenidos en edades tempranas existe un 80% de recuperación.

Algunas de las señales de alarma son:

  • La frecuencia con la que aparecen las alteraciones.
  • La duración de las disfluencias (tartamudeo)
  • Las conductas asociadas, como fuerza al hablar, prolongaciones largas y presencia de bloqueo. 
  • Si las repeticiones son de silabas o sonidos, y se repiten frecuentemente se considera una falta de fluidez preocupante.
  • Repetir partes de la palabra o partir la palabra. 
  • Prolongaciones de sonidos.

En edades tempranas es muy importante tener en cuenta una serie de recomendaciones dirigidas a los padres y al entorno cercano del niño. En primer lugar, es importante no prestar atención a la “forma” de hablar del niño, dando importancia al contenido del mensaje, es decir, daremos importancia a “qué dice el niño” y no a “cómo lo dice”. Para ello es necesario evitar corregir, no recomendar al niño que se tranquilice o mostrar gestos no verbales que hagan ver al niño que algo está pasando en su habla. En edades tempranas el niño aún no es consciente de las disfluencias de su habla, ya que la conciencia podría hacer que el niño adopte conductas asociadas para evitar el tartamudeo, cronificando de esta manera la disfemia, siendo más difícil la intervención y empeorando el pronóstico. 

Aunque existen diferencias individuales, y la evaluación e intervención debe centrarse en ellas, los errores en el habla suelen variar a lo largo de la evolución del desarrollo. Es por eso que existen diferentes fases, y es necesario tenerlas en cuenta para una intervención adecuada.

Primera fase: período preescolar, entre los 2 y los 6 años

  • La dificultad es episódica, la dificultad se alterna entre semanas o meses entre los que hay un periodo normal.
  • El niño tartamudea más cuando esta excitado, enfadado o con mucha exigencia comunicativa.
  • Aparecen más repeticiones. 
  • El tartamudeo suele aparecer al inicio de la oración
  • El niño no se muestra preocupado.

Segunda fase: primeras etapas de la escolaridad primaria

  • El trastorno es fundamentalmente crónico.
  • El niño se etiqueta como “tartamudo”, aunque aún no está preocupado. 
  • El tartamudeo se da más en las en las partes principales del discurso: nombre, verbos, adjetivos y adverbios. 
  • El tartamudeo aumenta cuando el niño está excitado o está hablando deprisa.   

Tercera fase: a partir de los 8 años en adelante

  • El tartamudeo aparece en función de cada situación. Situaciones difíciles, hablar en público, hablar por teléfono, hablar con extraños, etc. 
  • Evitan palabras o sonidos difíciles, y sustituyen por otras.
  • No evitan situaciones y no hay apenas muestra de temor. 

Cuarta fase: niños de más de 10 años o mayores

  • Anticipación intensa y temor al tartamudeo.
  • Anticipan palabras, sonidos y situaciones.
  • Existen reacciones emocionales que empiezan a suponer un problema.

Es necesaria una evaluación exhaustiva, tanto de los aspectos de la fluidez, como de los aspectos emocionales, lingüísticos, y familiares, detallando que factores pueden estar influyendo por lo que es importante el trabajo en equipo del logopeda y del psicólogo.