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¿Cuándo acudir al psicólogo?

Cada día nos enfrentamos con multitud de dificultades externas o internas y dependiendo de la forma en que las interpretemos, reforzaremos una serie de ideas adaptativas o desadaptativas que nos influirán en la interpretación de futuras situaciones similares.

Las personas no podemos estar cambiando constantemente las ideas y creencias principales en las que nos apoyamos y fundamentamos todas nuestras conductas y formas de actuar. No sería adaptativo para el ser humano realizar un cambio constante en sus ideas fundamentales en las que se basa su forma de ser según la situación que ocurra, ya que casi a diario tendríamos que estar variándolas y esto supondría un excesivo gasto a nivel cognitivo que no nos permitiría realizar otras funciones importantes. Esto hace que cada vez que nos enfrentamos a una situación realicemos una interpretación subjetiva de lo que ha ocurrido adaptándolo a esas ideas o creencias fundamentales que tenemos. Cuando estas creencias son adaptativas, haremos una adecuada interpretación de la realidad que no nos genere malestar; pero cuando las ideas son desadaptativas, realizaremos sin darnos cuenta una distorsión de la realidad para adaptarlas y adecuarlas a nuestras ideas fundamentales desadaptativas y así no tener que modificarlas. 

Algunas interpretaciones están distorsionadas y nos generan malestar, pero lo normalizamos y no lo sabemos identificar o no sabemos cómo cambiarlo y esto nos desarrolla un problema que irá intensificándose con el paso del tiempo si no es trabajado. Estas son algunas de las situaciones más comunes que suelen normalizarse y por las que sería conveniente recibir ayuda psicológica:

  • Necesito tener una persona a mi lado. Cuando no tengo pareja o en momentos de soledad, me siento muy mal.
  • Mantengo mi relación de pareja por rutina.
  • Mis relaciones siempre son tóxicas, dañinas o inestables. Clasifico mis relaciones como “ni contigo ni sin ti”.
  • Sigo enganchado a una ex pareja. Ha pasado más de un año desde la ruptura pero sigo fantaseando con la reconciliación.
  • Me sitúo siempre en los extremos, “todo o nada, siempre o nunca”.
  • Tengo pensamientos invasivos y recurrentes que aparecen de forma continuada en mi cabeza y no puedo evitarlos.
  • Siento que estoy “estancado” no avanzo en una o en varias áreas de mi vida y no entiendo por qué.
  • No encuentro aspectos positivos de mí mismo o de mi vida o tengo dificultad para encontrarlos.
  • Me critico de forma constante.
  • No tolero cometer errores. Cada equivocación me genera un malestar significativo  y me enfado de forma intensa conmigo mismo.
  • Me cuesta decir lo que siento o lo que quiero. 
  • Cuando otra persona me pide algo, lo hago aunque no quiera.
  • Ante la posibilidad de no conseguir mi objetivo “fracasar”, prefiero no intentarlo.
  • Me resulta difícil enfrentarme a los problemas, por lo que intento evitarlos.
  • Me cuesta tomar decisiones, prefiero que otros las tomen por mí.
  • Utilizo algunas actividades como “salir de fiesta”, “beber”, “ir de compras de forma compulsiva”  para evadirme de mi realidad.
  • Le doy mucha importancia a la opinión de los demás. En ocasiones, hago o digo cosas que no pienso realmente para que los demás tengan buena opinión de mí.
  • Me exijo mucho de forma constante y en todas las áreas de mi vida. Y ello me genera un alto estrés.
  • No tengo ganas de hacer nada, me siento vacío y no tengo planes de futuro.
  • Tengo miedo desproporcionado a algo y me afecta de forma constante (insectos, hablar en público, posibilidad detener una enfermedad…).
  • Priorizo siempre mis obligaciones y responsabilidades en lugar de priorizarme a mí. Por ejemplo, me siento mal si me tumbo en el sofá y no consigo relajarme pensando en todo lo que tengo que hacer.
  • No consigo superar el fallecimiento de un ser querido y hace más de dos años que ocurrió.
  • Priorizo mi físico y es el único factor que utilizo para valorarme tanto de forma positiva como negativa.
  • Cada vez que me siento atacado, respondo con agresividad y esto sucede de forma frecuente.
  • Mis hijos se han ido de casa y no encuentro sentido a mi día a día.

Es importante tener en cuenta que estas situaciones de malestar deben estar presentes durante varios meses para que puedan ser trabajadas desde psicología. 

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