Pasar al contenido principal
suicidio

“Los duelos duelen y no se puede hacer nada por evitarlo”
Jorge Bucay

De repente el tiempo se para, nadie te ha avisado pero de pronto se detiene tu vida, te quedas sin respiración y te cuesta creer lo que está pasando. Te esfuerzas por despertar de esta pesadilla, te convences de que todo es mentira, de que en cualquier momento alguien vendrá para desmentirlo, no puede estar pasando, no es real.


Ayer estuviste con él, es imposible que hoy ya no esté. 


Estabas tranquilo, comiendo, riendo, y de repente una llamada detiene tu mundo, en un segundo, en una frase…escuchas esa voz débil, sin la fuerza que le caracteriza, sin vida…  “se ha suicidado” …y tu mundo se derrumba.


Es entonces cuando entras en shock. Niegas la realidad, cierras los ojos, el corazón y la mente, te cierras y te encierras, te sientes desorientado, perdido y solo.


Se te abre una herida interna, grande y dolorosa, aunque no la mires, aunque la tapes, está ahí y no podrá cicatrizar hasta que le dediques tiempo.


Día a día empiezas a abrir los ojos aunque es difícil y cada paso se hace un mundo. Poco a poco te empiezas a dar cuenta de que no está, que no volverá, dejas de mirar esperanzado cuando se abre la puerta y dejas de mirar al móvil esperando una llamada…


Inicias el proceso de duelo, el camino de la aceptación de la muerte, y con él aparecen las emociones, una montaña rusa de emociones, muy intensas, muy explosivas. 


“Tristeza”, “incomprensión”, “sensación de vacío”, “ira”,  “culpa”, “alivio” “vergüenza”, “soledad”


Es difícil, pero necesitas ponerles nombre, solo así dejarás de verlas como enemigos, como fantasmas que te acechan.


Deja que aparezcan, permítete sentirlas, báñate en cada una de las emociones, conócete a ti mismo invadido de esa emoción y luego aprende a trabajar con ellas.

-Tristeza


Una de las emociones protagonistas en este proceso es la tristeza.
Sientes un dolor intenso y desgarrador, sientes dolor emocional y dolor físico, el dolor te invade y te rompes por dentro.


En esta fase, grita, desahógate, saca todo ese dolor fuera. 
Si sientes que quieres llorar, hazlo, ayuda a reducir el estrés y a desahogarse. No te sientas mal si necesitas llorar, pero tampoco si no consigues hacerlo. Ambas situaciones son normales dentro de este proceso.

Compártelo, pide ayuda, habla con el resto de las personas que también han sufrido la pérdida, compartir la tristeza reduce su intensidad y nos une a nuestros seres queridos.

-Incomprensión y vacío


Cada día, cada hora, cada minuto le recuerdas, te asaltan imágenes de él, recuerdos, pensamientos…pero sobre todo “porqués”


¿Por qué? ¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué no ha recurrido a mí? ¿Por qué no pidió ayuda? ¿Por qué ha tomado esa decisión? ¿Por qué no lo vi? ¿Por qué no me di cuenta?


Intentas revivir cada uno de los últimos días, analizas cada conversación, cada gesto…


Pero no encuentras respuestas, te inunda la incomprensión y el vacío. Intentas buscar respuestas y eso te desgasta de una forma que hasta ahora no habías experimentado. 


No puedes quitarte esa pregunta de la cabeza, te parece imposible encontrar alivio hasta que no encuentres la respuesta.


Pero no la hay, no puedes encontrar una respuesta porque no puedes entrar en su cabeza, incluso es posible que ni siquiera él lo supiera. 


La respuesta que podemos darnos es que fue el fin de una enfermedad, fue el fin de un sufrimiento que hacía que la vida fuese intolerable. 


El trabajo en este caso es aprender a tolerar que nunca podremos saber realmente el porqué

-Enfado 


No te atreves ni a decirlo en voz alta, no sabes si tienes derecho a estar enfadado, pero te invade ese sentimiento.


Te enfadas con el mundo, con el destino, contigo y con él. Te enfadas porque es injusto, porque no luchó, porque no le ayudaste, porque te abandonó.


Te enfadas con él porque decidió morir…


Es difícil entenderlo pero él murió por suicidio, no se suicidó. No lo eligió, igual que nadie elige morir por cáncer, nadie elige morir por suicidio. Fue producto de una enfermedad, aunque al ser mental no siempre es fácil de entender. 


Date tu tiempo para procesar esa información, expresa tu enfado, date derecho a sentirlo, ponle nombre y vacía esa ira.

-Culpa 


Siguiendo al enfado de cerca, también nos encontramos con la culpa 


Si hubiera hablado con él…Si hubiera sabido….Si hubiera hecho…


La culpa te ahoga, te atormentan bucles de preguntas, te culpabilizas, te sientes responsable…


En este momento es importante que recuerdes que nadie es la única influencia de una persona y que tengas presente que la muerte por suicidio es la muerte por una enfermedad. 


El 90% de las personas que mueren por suicidio padecían en el momento de su muerte un trastorno o enfermedad mental (el trastorno bipolar y la depresión son los más frecuentes). 


No es tu culpa, no es tu responsabilidad, no podías haber hecho algo para evitarlo, al igual que no puedes curar a un familiar con cáncer.


La culpa es irreal, pero exprésala, llora tu culpa si así lo necesitas. Y cuando le pongas nombre podrás trabajar con ella y descubrir que es irracional.

-Alivio 


En ocasiones, dentro de esta montaña rusa de emociones, también se experimenta el alivio, especialmente si has visto a la persona atravesar una enfermedad larga, si has vivido el sufrimiento de tu familiar, su depresión, su angustia…


Sientes alivio, porque ya no sufre, porque se acabó su enfermedad. 

-Vergüenza y soledad


En este proceso nos enfrentamos a una gran duda adicional ¿cómo lo comparto con el resto del mundo, con el resto de mi mundo?


¿Cómo se lo cuento a los que me rodean?¿lo entenderán?¿estarán preparados?


Te quedas atrapado en las preguntas, te planteas hasta cambiar la versión, contar que murió de algo físico, de problemas cardiológicos o pulmonares, algo fácil de explicar o por lo menos no tan difícil. Las personas de tu alrededor empatizarán contigo, todos saben lo que hay que decir o por lo menos lo intentan, no hay tabúes.  


Sientes miedo a la incomprensión, al estigma negativo, sientes vergüenza y te resulta difícil hablar de las circunstancias de la muerte, muchas veces decides directamente no hablar, pero los sentimientos de soledad son intensos.


Crees que los demás se sentirán más cómodos si maquillas la realidad, si evitas la conversación …
Los demás estarán mejor, pero tú no.


Poco a poco, con el tiempo, con el tiempo que tú decidas pues ningún calendario puede indicarte el cuándo, decidirás reintroducirte en el mundo.


Un día decidirás hablar, tomar la iniciativa, pedirás hablar de la muerte, del suicidio, de él, de ti.


Pide ayuda, expresa tus sentimientos y entonces descubrirás que te encuentras mejor, aunque solo sea un poco mejor. Habla, cuenta lo que quieras a quién quieras, no dejes de hablar de él por lo que otros digan, no dejes de hablar de él porque otros no sepan qué decirte o por evitar que se sientan incómodos, no dejes de hablar de él directamente.

La muerte es la única certeza que tenemos en esta vida, y la más difícil de enfrentar. Cuando además la muerte es inesperada, cuando el duelo es por suicidio, tienes que luchar con toda la montaña rusa de emociones y además con una interminable lista de porqués


Cuando sientas esas emociones tan intensas, ponles nombre y sácalas de dentro de ti. 
Cuando te invadan las preguntas, agótalas hasta que se desvanezcan, exprésalas en voz alta.
Cuando sientas un vacío intenso y desgarrador, mira a tu alrededor, pide ayuda, da pistas a los demás y dí qué es lo que necesitas, a veces solo necesitarás que alguien te escuche. No tienes que pasar por esto tú solo.


El proceso de duelo no tiene un principio y un fin definido, incluso cuando parece que ha terminado hay que enfrentarse a posibles recaídas, date permiso también para tenerlas. 


Tienes que aprender a aceptar la muerte, el aprendizaje más difícil al que te enfrentarás, date permiso para tener altibajos, ten paciencia contigo mismo, quiérete mucho y ten presente que atravesar el duelo no significa que le olvidarás, eso nunca lo harás.


Llegará el día en el que el proceso de duelo terminará y entenderás que un día se detuvo tu mundo, pero que el tiempo vuelve a correr. Eres diferente, has cambiado, pero puedes seguir viviendo, puedes aprender a volver a vivir, no solo sobrevivir.

"Nadie muere mientras sigas recordándole"

Share this post