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apego

El concepto del apego es un concepto que abarca muchas áreas y muy completo por lo que es bastante complejo resumirlo en unas líneas, pero nos gustaría dar unas pinceladas hoy sobre ello haciendo énfasis en la importancia de aceptar, recoger y validar las emociones.

Los seres humanos somos seres sociales, nos necesitamos, nos relacionamos y establecemos vínculos. Desde el nacimiento, ya en las primeras etapas del desarrollo, buscamos protección y establecemos un vínculo primario y especial con la persona que garantiza nuestro cuidado, la figura de apego, y a través de este vínculo, aprendemos cómo relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos.

Cuando somos bebés, somos seres dependientes, ante una amenaza, buscamos protección, no podemos calmarnos solos, no podemos regular nuestras emociones, así que buscamos a nuestra figura de apego para calmarnos, para desactivar nuestro sistema de amenaza. Si en la repetición de estas interacciones conseguimos la calma, si nuestro adulto de referencia es sensible a nuestras necesidades y se muestra disponible, iremos formando un estilo de apego seguro, si por el contrario, no encontramos ese estado de calma, el estilo de apego será inseguro.

Analizando de forma más exhaustiva cada uno de los bloques podemos concluir que:

1. Apego seguro

Nos referimos a apego seguro cuando el niño tiene una necesidad, la figura de apego conecta con ella y responde de forma que el niño lo entiende. Cuando esta respuesta produce calma y activa una base segura, el niño se siente preparado y protegido para explorar el mundo. El niño percibe la incondicionalidad de sus figuras

Los cuidadores que favorecen el estilo de apego seguro, responden y son sensibles a las necesidades afectivas de sus hijos, aceptando sus emociones (sí, también las desagradables), al menos la mayoría de las veces (NO siempre, recordemos que eso no es posible, no existen los padres perfectos)

Los niños con un estilo de apego seguro identifican sus emociones y confían en que pueden regularlas tanto de forma individual como apoyándose en los demás. Su aprendizaje estaría relacionado con la idea de “merezco ser amado” y ”el mundo es seguro”. Los adultos suelen establecer relaciones sanas con los demás y con ellos mismos, en las que hay confianza y bidireccionalidad.

2. Apego inseguro

Cuando la respuesta no se vincula a la calma, el niño sigue sintiéndose amenazado, si esta respuesta es repetida, el estilo de apego desarrollado es inseguro, y el niño aprende a “defenderse” ante la relación con el otro.

Dentro del bloque del apego inseguro podemos distinguir:

- Apego evitativo

Hablaríamos de apego evitativo, cuando al pedir ayuda, el niño percibe* distancia o incluso castigo, el aprendizaje va encaminado a la negación de sus propias emociones desagradables, niega la necesidad de pedir ayuda. Desconfía de la relación con los demás para regular sus emociones, no se sienten valorados ni protegidos, y aparentan un estado de bienestar/autosuficiencia, distanciándose del otro.

El cuidador no suele estar disponible para atender las necesidades emocionales. Pueden ser agresivos o estar en un estado depresivo, lo que tienen en común es la dificultad para ponerse en el lugar del niño

*Es importante el apunte de “el niño percibe”, puede que los padres sí valoren y quieran al niño pero no hayan sabido transmitir protección (puede que por su propia mochila emocional estuviesen ausentes, preocupados o fuesen inestables a nivel emocional)

La idea aprendida se relacionaría con “no puedo confiar en los demás”, “nadie puede ayudarme, por lo que es mejor no necesitar nada”. En las relaciones adultas se observará un “abandono” de la búsqueda de seguridad en su figura de apego y a su vez negación de la necesidad de afecto del otro. Las dificultades suelen estar relacionadas con dificultad para entablar relaciones íntimas y estables a nivel emocional y exteriorizar emociones, miedo a la vulnerabilidad, y frecuentemente sentimientos de soledad. Se observará una tendencia a la búsqueda de control interno de sus propias emociones

- Apego ansioso o ambivalente

Los niños con este estilo de apego, reciben respuestas inconsistentes e incoherentes ante la petición de ayuda (refuerzo intermitente). Por lo que los niños aprenden que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento, el mundo es demasiado cambiante, aprenden a responder con mucha intensidad para intentar garantizar la respuesta de su figura de apego, pero con el coste de desregular sus propias emociones.

El cuidador responde a las necesidades emocionales de forma intermitente o bien de manera desproporcionada (sobreprotección)

La idea aprendida se relacionaría con “el mundo es muy cambiante” y “necesito la aprobación del otro”. En las relaciones adultas se observará una búsqueda muy intensa de la pareja, pero a su vez gran desconfianza en que la otra persona pueda actuar como refugio.

Pueden existir dificultades en la autonomía, celos, miedo a no ser amado o a ser abandonado, dependencia emocional, inestabilidad emocional. Se observará una tendencia a la búsqueda de control externo, control de los demás y búsqueda de aceptación del otro.

 

Como hemos visto, en el apego seguro el niño tiene estrategias adaptativas para regularse, mientras que en el apego inseguro, el niño también tiene estrategias para regularse, aunque estas no son adaptativas, pero cuando el niño no tiene estrategias para regularse, ni adaptativas ni desadaptativas, hablamos de apego desorganizado

3. Apego desorganizado

Estos niños se sienten indefensos, normalmente se relaciona con respuestas negligentes de las figuras de referencia. Los niños no tienen estabilidad en las respuestas y normalmente su angustia es fuertemente castigada. La manera de relacionarse suele ser caótica y suelen tener gran inestabilidad emocional

 

El estilo de apego puede cambiar a lo largo de las etapas vitales, pero debemos tener en cuenta que el estilo de apego adquirido en la infancia, influirá de forma directa en la relación que tenga el adulto con él mismo y con el mundo.

Tu estilo de apego, el que adquiriste en la infancia, influirá en las relaciones que tengas de adulto, y a su vez, influirá en el estilo de apego que adquirirán tus hijos, pues mostrarte más o menos sensible a sus necesidades dependerá también de tu propia mochila emocional.

Tener un estilo de apego determinado no es bueno o malo en sí mismo. Tener un estilo de apego inseguro no es una espina que tenemos que nos marcará inevitablemente y no se puede modificar. Por supuesto que se puede trabajar en el cambio de un estilo de apego, (eso sí con un trabajo constante y progresivo), pero para poder iniciar el cambio, el primer paso tiene que ser la auto aceptación.

Conócete, escúchate, identifica tus emociones, valida esas emociones, recógelas e invítalas a tomar un café para charlar con ellas. Y después, desde la aceptación y la auto compasión, elige hacia dónde quieres ir y hacia dónde vas a enfocar tu trabajo personal.

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